Sunday, May 06, 2007

Jazz

Todas las historias tienen su momento. Esta, por ejemplo, lleva demasiado tiempo entre mis borradores esperando a que me anime a escribirla que de tanto esperar se ha ido reescribiendo con líneas perdidas y medias notas sin destino. Yo, entre tanto, me he obsesionado con otros temas: música, json, clases abstractas, patrones de diseño, jazz, prototipos, drum and bass, memes y religiones varias...

Pero no quiero jugar más a Teseo... que la madeja se quede ahí hecha un nudo, que el Minotauro se coma la rosa o el rubí y que Ariadna se muera de soldedad en Naxos.

En pocas palabras, ni la suma de las partes ni el todo, porque nada tiene que ver la poesía con el código; nada tiene que ver la literatura con los prototipos; nada, Ajax con Jazz, o como dice Enrique Lihn: “Nada tiene que ver el dolor con el dolor / nada tiene que ver la desesperación con la desesperación/ Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas / No hay nombres en la zona muda”.

Es complejo explicar hacia donde voy, complejo en tanto que hablo desde mi experiencia, en tanto que desde mi subjetividad efectivamente la poesía y el código comparten lógica y sintáxis, comparten una cierta adicción u obesión por crear objetos que están hechos de materia muda de zona muda, de dígitos y bytes y alfabetos de posibilidades y combinatorias infinitas.

Y así la caja de pandora se abre, porque de la literatura no deja de asombrarme que al final todo se pueda reducir a 27 símbolos gráficos (64 en el alfabeto cirílico, para citar un ejemplo menos agobiante). Y que decir del código, donde al final sólo hay ceros y unos.

Mejor vuelvo al principio... alguna vez pretendí contar en esta nota por qué estudié Pedagogía en Castellano para luego terminar programando en una empresa de “Diseño de Interacción” (en técnico POO y en español, haciendo páginas web).

En fin, hasta el momento no hay nada claro y definido en esta transición. Lo ciero es que ha sido un largo devenir de actos, coincidencias, decisiones, intuciones y consecuencias que, para ser honesto, me resulta tedioso explicar.
Y por eso el Jazz, porque para darle punto final a toda esta mazamorra me queda decir que hace unos meses atrás, escuchando a Charlie Parker con un amigo y conversando precisamente de estas cosas, caí en cuenta que daba lo mismo si se trataba de Ajax o Jazz, de un poema de Lihn o de un pluggin para Wordpress, finalmente todo puede reducirse a estrúcturas básicas de diseño o composición. Eso sí, la suma de las partes nunca es igual al todo. Es que “no hay nombres en la zona muda...”

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