Thursday, September 03, 2009

A Miguel Angel Moreno, el Klautonés

Poeta del reino de Klautonia
ha tiempo que en vuestras
comarcas anduve errando.
Una sensación de terciopelo
sobre madera barnizada
recorría entonces mi angostura,
pero aún recuerdo que de huesos
insepultos deseabas florecieran
las banderas de la historia.

Sangrabas palabras como un cristo
de biblioteca incinerada en medio
de esa noche que en los cielos
de la patria extensa persistió
cuales siglos de agonía.

Al sicario así esperabas darle muerte,
estocada de luz de madrugada.

Pero mi alma era una alondra
recién descascarada y no supe
acompañarte sino emigrar
con el viento de las soledades
hacia atardeceres de besos diluidos.

II

Al salir de tu reino,
patria inmensa del hombre
no conquistado por la bestia,
fui buscando en vano tierra dulce
donde echar las osamentas a descanso;
anduve largos días, vino la nieve
y en lejanas celosías tiritó
mi existencia clandestina;
pero anduve, inmutable,
noches, estío, meses,
y no sé cómo ni cuándo
otros hombres, otras huellas
fueron apareciendo en el camino.

III

Y eran de Infernario las tierras al pie,
al ojo, a la huella atrás abandonada.
Aquí los peregrinos de todos los caminos
sumamos voces indistinguibles,
arriamos banderas que juramos defender a muerte,
cargamos desperdicios como coleccionistas depresivos,
restamos desapariciones rancias en la memoria,
adherimos detritos de amores viles,
desechamos epístolas para no contagiarnos de melancolía,
y nos fuimos transformando en demonios de baja alcurnia,
en sombras del lo que alguna vez quisimos...

Y es tan incierta la vida:
tan avasallante el dígito:
tan invencible el hierro:
tan eterno el plástico:
que un silencio de mar incógnito
se se hizo baldío en nuestras lenguas,
y un código de barra infame
apoderóse de nuestro puño y letra.

IV

Pero hoy, a cuatro días del mes de octubre
de este tercer año de igual milenio,
os relato en torpe lo que ha sido
de mi paso por las tierras Infernario.

A vos, Miguel, os dedico a plenitud
este cuaderno escrito en el cuero de mi alma
durante los días más oscuros que mis ojos
han visto en lo que me va de vida.


Aquí os muestro lo que en estas latitudes
hay de par y de dispar con vuestro reino.
Aquí os cuento lo que otros me contaron
con sus vidas mínimas y su lenguaje mascullado.
Aquí os dejo mi testimonio de vida,
mi confesión de Caín arrepentido
en las postrimerías del universo:
perdonad a este hermano canalla,
perdonad mi silencio.

Ya sabéis en qué un fuego consumido perecía.

PD. Gracias por este regalo!

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